Echo de menos

Echo de menos

El chasquido de tus tobillos

Al bajar las escaleras.

Echo de menos

El roce de tus manos

Por debajo de la mesa.

Echo de menos

Mandarnos indirectas

Mientras los demás no se enteran.

Echo de menos

Tus pantalones negros

Que tienen rota la cremallera.

Echo de menos

Acariciarte el cuello

Siempre que nadie nos vea.

Echo de menos

Ponerte nerviosa

Al hacerte ciertas propuestas.

Echo de menos

Un ojalá fuera tan fácil

Aunque nunca lo sea.

Echo de menos

Las sombras que hacen

Mis manos en tus piernas.

Echo de menos

Tus besos

Desde que yo me levanto

Hasta que tú te acuestas.

No es justo

No es justo

Pensar que el miércoles

Las aguas vuelven a su cauce

Y el lunes

Todo vuelva a empezar.

No es justo

Encontrarme un correo

En la bandeja de entrada

Y cuatro días después

Aquello ya no signifique nada.

No es justo

Que el domingo imagine

Tenerte entre mis brazos,

Sueñe con un naufragio

De mis manos en tus caderas

Desee una apretón de labios

Y al día siguiente

No haya ni un roce de manos.

No es justo

Que los lunes

sigan siendo lunes.

No es justo

Tener que conformarme

Con un amor por horas.

No es justo saber

Que quieres más

Y que tú misma

Te lo impidas.

No es justo

Y estas alas

Que hace unos días

Te ofrecían ver

el mundo desde el cielo

Hoy se empiezan

A cansar de volar.

Canciones

Hoy en el silencio de los secretos

Escucho nuestras canciones

Mientras rozo tréboles cariocas.

Durante noventa minutos me quemas

Y a pesar de las benditas heridas,

Llega el amanecer suavemente

Y acabamos afuera del planeta

Con una canción del mar.

Y a pesar de lo mal que estoy

Y lo poco que me quejo

Vuelve, niña voladora,

Podría ser tu refugio

Y que al final todo esto sea

porque queramos vernos

A veces, mientras leo

Resultado de imagen de libro en el suelo

A veces, mientras leo,
Te imagino sentada a mi lado
Y así no tengo que buscarte
En línea en el Whatsapp
Con la esperanza de que tú también
me estés buscando.
A veces, mientras leo,
Levanto los ojos para mirarte
Sin que te des cuenta
Y me muero por buscar en tu boca
La mejor excusa para dejar
El libro en el suelo.
A veces, mientras leo,
Te pido que me robes el libro
Y al menos un par de besos.
A veces, mientras leo,
Imagino que somos tú y yo
Los que estamos enredados
Entre las líneas de esos versos
Que algún día escribiré para ti
Y que terminaremos,
igual que el libro,
tirados en el suelo…

Sigo

Sigo arrastrando
a galope tu recuerdo
Sigo pensando que eres
el mejor complemento
para mi camisa hawaiana.
Sigo yéndome de vacaciones
Sin ti, pero contigo.
Sigo queriendo que un día
Mientras entrelazamos los dedos
Me digas al oído: agárrame fuerte
Pero esta vez, no me sueltes.
Sigo saboreando los recuerdos
Que me dejaste en la boca.
Sigo sembrando la esperanza
Para cuando estés preparada
Recogerla los dos juntos.
Sigo pensando
que tu mejor pintalabios
Es mi saliva.
Sigo creyendo que la suma
De tú y yo tendría la fuerza
De tumbar hasta un 8.
Sigo teniendo una cita pendiente
Con las estrellas fugaces
Y nuestros ojos miopes.
Sigo teniendo las mismas ganas de ti
Que en aquel primer poema.
Aunque, ahora que lo sigo pensando
Ahora quizás tenga más…

Tengo ganas

Tengo ganas de besarte los ojos
Tanto con rímel como recién levantados
Tengo ganas de rizarte el rizo
No solo en tu pelo
también en tu vida.
Tengo ganas de masajearte los pies
Ahora en verano, cuando te duelan,
Para que luego puedas
ponerte de puntillas
Y me llenes de besos.
Tengo ganas de que seas
mi regalo de cumpleaños.
Tengo ganas de verte.
Tengo ganas de ti.

Ayer, hoy y mañana

Ayer te vi paseando entre los puestos hippies, revolviendo cada prenda para buscar la que más te gustaba mientras movías ligeramente los pies al ritmo de la música en directo. Creo que me gusta este, me decías. O quizás estuvieras en modo barrio, ese modo tan tuyo a veces, y me dirías: me flipan todos. Yo te decía que eligieras solo uno, que era tu regalo de cumpleaños que por fin te iba a poder hacer. Al llegar a casa, mientras todo estaba ya en silencio, te desvestías para probártelo, se deslizaba por tu cuerpo y me decías si me gustaba. Cómo no me va a gustar si estaba hecho para ti, te decía, pero ahora es hora de irse a la cama, te decía, para poder deslizarlo de nuevo pero en dirección contraria, ese vestido nuevo por tu cuerpo, porque era hora de irse a la cama, aunque todavía no era hora de dormir.
Hoy te vi en la playa bajo la sombrilla
Sentada sobre tus piernas a lo Sirenita rebelde pelando fruta para todos. Parecías relajada pero en el fondo sé que tenías todo bajo control, como una mamá leona con sus crías. El cigarrillo hacía malabares entre tus labios, ese cigarrillo que tanto odio porque me hace esperar turno para ser yo el que pueda hacer malabares.
Mañana estoy seguro que os veré recogiendo conchas en la arena, con trenzas en el pelo y con más sueño que hambre. Me mirarás de reojo con la sonrisa de una niña de la mano y los gritos felices de un niño en la otra y yo te diré: disfrútalo, que yo llevo mucho tiempo haciéndolo.